Conoce la belleza egipcia a través del típico sombrero de faraón

Conoce la belleza egipcia a través del típico sombrero de faraón

El antiguo Egipto está lleno de famosas historias que con el tiempo se han vuelto reales alrededor del mundo, no solo por sus descubrimientos, sino por las diferentes costumbres de querer ser una población superior designada a la vida más allá de la muerte.

La belleza en esta dinastía contemplaba a los diferentes faraones como personas hermosas llenas de una cierta sutileza y encantadora estirpe, al igual que sus esposas princesas egipcias dedicadas a la vida de reinado.

¿Pero como vestían los faraones en sus épocas de reinado? En esos tiempos se podía utilizar diferentes prendas que eran pasadas por dinastías de un regente a otro, si el faraón que portaba el titulo así lo prefería o muy bien podía crear uno nuevo y ser diferente.

Pero siempre conservaban un elemento en relación y esta era la forma en la que se confeccionaba la forma de corona del rey egipcio, lo que cambiaba era la esfinge que portaba en la cabeza, pero el resto era cuestión de historia.

La idea de belleza que tenían los egipcios nos es patente gracias a esculturas y frescos, pero también a joyas y artefactos. ¿Su objetivo? La eterna seducción es por ello que no en vano, príncipes, escribas, sacerdotes y todos los que pudieran costearse una momificación vivían sus vidas con un ojo puesto en la eternidad.

Un inmortal debía apostar por lo clásico, no había hueco para modas pasajeras en sus ajuares funerarios. Aun así, sin los antiguos egipcios rendían culto a la belleza. Cuidaban su higiene y su apariencia personal con extrema coquetería, tanto los hombres como las mujeres.

A esto podemos someter a muestra las diferentes pinturas y los relieves que nos han dejado no hay lugar para la fealdad, la decadencia o la vejez. Tampoco abundan los senos caídos ni las carnes flácidas: los cuerpos del arte egipcio son flexibles, firmes y estilizados.

En donde se busca acentuar su esbeltez, los artistas no dudaban en alterar las proporciones naturales, alargando las piernas y reduciendo el tamaño real de los glúteos, un ideal estético no muy distinto al del siglo XXI.

La ropa es un extra, un signo de distinción. No se viste igual un día laborable que uno festivo. La prenda masculina por excelencia es el shanti, una falda confeccionada a partir de una tela corta, cuyos extremos cruzados se meten en el cinturón y se atan con un nudo delantero.

Durante el Reino Antiguo, los nobles lo lucen todos los días, pero los hombres de clase baja lo reservan para ocasiones especiales, como acudir al templo, visitar a parientes lejanos o celebrar el final de la cosecha.

El vestuario se complica a medida que se asciende en la escala social. Se le añade una pieza que sobresale por delante o se redondea el borde. En eventos que requieran extrema elegancia, el shanti se adorna con un broche o una pieza de tejido dorado, por lo que sucede así tal cual con los gorros.

El arte del antiguo Egipto está plagada de imágenes de personas con conos puntiagudos en la cabeza en situaciones ceremoniales. Hombres y mujeres aparecen con adornos cónicos en representaciones artísticas en papiros o sarcófagos, dando así pie a imaginar como era su vida.

Si nos vamos a las batallas antiguas, podemos tener en cuenta uno de los más popular el Casco romano: símbolo de historia y creatividad humana.

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